La
demanda y la industria han acabado marcando precios y fijando las producciones
El pasado
1 de abril se cumplió un año desde la eliminación de las cuotas de producción
de la leche. Las instituciones comunitarias habían hecho todo tipo de
informes y análisis para lograr un aterrizaje suave en el cambio de modelo.
Pero fallaron todas las previsiones. A la libertad de producción se impuso la
realidad de la demanda y los intereses de unas industrias que han acabado
marcando precios y fijando ellas las producciones máximas a los ganaderos en
función de sus necesidades.
Bruselas
se ha visto desbordada claramente por la situación. El pasado año apoyó a los
ganaderos con 420 millones para compensar los bajos precios. Hoy, ante la
persistencia del problema, la Comisión trabaja en la puesta en marcha de otras
medidas para potenciar la demanda interna, apoyando las exportaciones,
duplicando a 218.000 toneladas las compras de leche en polvo y a 100.000
toneladas las de mantequilla y, sobre todo, diseñando los mecanismos para que
los ganaderos reduzcan su producción de forma voluntaria a través de las
interprofesionales, cooperativas u organizaciones de productores. Estos
abandonos de producción no tendrán ayudas y habrá total libertad para su
adopción en cada país. Ello puede dar lugar a que los ganaderos españoles
decidan recortar su producción, mientras otros países la mantienen para
exportar a España.
La
supresión de las cuotas ha dado lugar a un incremento medio de la producción.
Las ayudas de Bruselas no frenan la crisis, que ha evidenciado la existencia de
una industria dedicada fundamentalmente a la compra de materia prima y envasado
de leche líquida dominado por la marca blanca barata, sin una oferta importante
de oros productos de mayor valor añadido para otros mercados.
Fuentes:
www.elpais.com
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